martes, 25 de enero de 2011
Un instante
Mis pies reciben el bautismo de la sal, los miro, se ven cansados, curtidos por el roce. Una capa de celofan transparente, se superpone con otra, y con otra, y con otra, y con otra, se ayudan hasta tocar mis tobillos y luego se van retirando una a una generando un rebote de luz en cada pliegue. Ahora puedo ver una nueva versión de mis pies, que poco a poco se van hundiendo en la arena, un coro de fantasmas me susurra al oído, luego se detiene por un instante y ataca otra vez, acompañado de palmas y percusiones; algo empieza a vibrar dentro de mi, como una fuerza ancestral, un poder primitivo sepultado bajo una cadena infinita de cromosomas, pero latente, indestructible, feroz, me sube hasta el cráneo, cada celda de mi piel late, hierve, una efervescencia imparable arrastra todo a la superficie y voltea mi cabeza hacia el mar, hacia el horizonte, y en ese momento una ola se levanta sacudiendo la red de luces doradas y suelta un murmullo que se precipita en mis oídos: 'Estas solo'.
viernes, 21 de enero de 2011
Compañeros hasta la muerte
Doy la vuelta y allá lo veo, me sonríe y levanta el dedo pulgar.
Enseguida lo tengo a mi lado con su brazo sobre mi hombro, ahora reímos a carcajadas.
Entre los dos hacemos una coreografía, una especie de partido de ping-pong bailado con una precisión robótica y un remate emotivo de guitarras que crecen hasta romperse.
Otra vez miro y lo veo atado con una soga y una cinta adhesiva tapando su boca, yo no muevo un músculo.
Ahora ya no está, no lo veo por ningún lado. Empiezo a perder el equilibrio, me siento como un cuadro de pintura fresca, paso mi mano y me desfiguro casi sin ejercer presión.
Apareció, esta sosteniendo un afilador de cuchillos con firmeza, el afilador está penetrando mi nuca de abajo hacia arriba, mi respiración está agitada, los pensamientos brotan, no puedo dirigirlos, mi cabeza palpita como queriendo salirse del cráneo con una explosión, mi visión se altera, ya no puedo sosternerme en pie. Él sigue sosteniendo con fuerza el afilador.
Enseguida lo tengo a mi lado con su brazo sobre mi hombro, ahora reímos a carcajadas.
Entre los dos hacemos una coreografía, una especie de partido de ping-pong bailado con una precisión robótica y un remate emotivo de guitarras que crecen hasta romperse.
Otra vez miro y lo veo atado con una soga y una cinta adhesiva tapando su boca, yo no muevo un músculo.
Ahora ya no está, no lo veo por ningún lado. Empiezo a perder el equilibrio, me siento como un cuadro de pintura fresca, paso mi mano y me desfiguro casi sin ejercer presión.
Apareció, esta sosteniendo un afilador de cuchillos con firmeza, el afilador está penetrando mi nuca de abajo hacia arriba, mi respiración está agitada, los pensamientos brotan, no puedo dirigirlos, mi cabeza palpita como queriendo salirse del cráneo con una explosión, mi visión se altera, ya no puedo sosternerme en pie. Él sigue sosteniendo con fuerza el afilador.
jueves, 20 de enero de 2011
Auto-Encastre
Mi silueta dibuja una forma, una sola, única, rígida. Soy un sillón, anatómico para solamente mi cuerpo, mis modos, mi ánima ¿por que intento ir sentado de las maneras mas ridículas, destruyendome, generándome malestares y contracturas?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)