viernes, 21 de enero de 2011

Compañeros hasta la muerte

Doy la vuelta y allá lo veo, me sonríe y levanta el dedo pulgar.
Enseguida lo tengo a mi lado con su brazo sobre mi hombro, ahora reímos a carcajadas.
Entre los dos hacemos una coreografía, una especie de partido de ping-pong bailado con una precisión robótica y un remate emotivo de guitarras que crecen hasta romperse.
Otra vez miro y lo veo atado con una soga y una cinta adhesiva tapando su boca, yo no muevo un músculo.
Ahora ya no está, no lo veo por ningún lado. Empiezo a perder el equilibrio, me siento como un cuadro de pintura fresca, paso mi mano y me desfiguro casi sin ejercer presión.
Apareció, esta sosteniendo un afilador de cuchillos con firmeza, el afilador está penetrando mi nuca de abajo hacia arriba, mi respiración está agitada, los pensamientos brotan, no puedo dirigirlos, mi cabeza palpita como queriendo salirse del cráneo con una explosión, mi visión se altera, ya no puedo sosternerme en pie. Él sigue sosteniendo con fuerza el afilador.

No hay comentarios:

Publicar un comentario